sábado, 24 de septiembre de 2016

MI VISITA A AUSCHWITZ



Es verdad que todos los países (incluído el mío) y en nombre de todas las ideologías (también la mía) se han cometido atrocidades. Sin embargo, el fascismo y en concreto su forma alemana, el nazismo, muy probablemente están en el primer lugar de este triste ranking. En su naturaleza están por un lado la exaltación de la violencia y la guerra, y por otro la concepción de la desigualdad humana y el racismo.

Este cóctel ideológico, en un contexto de guerra (provocada por ellos), llevó a una situación que puede ser considerada la peor experiencia en la historia de la humanidad, al menos de la que tenemos conocimiento.

Las alambradas rodean los barracones del primer campo, Auschwitz I

El contexto era favorable: en la década de 1930 se sucedían los genocidios y las represiones políticas y raciales. No hemos de ir muy lejos; el franquismo inició una espiral de matanzas en España a partir de 1936. Japón hizo lo propio en China a partir de 1937. Paralelamente, el GULAG stalinista se iba llenando, sobre todo cuando empezaron las grandes purgas en 1937. Pero los nazis fueron más lejos que todos ellos, y porque perdieron la guerra, que si no…



¿CÓMO SE LLEGÓ A ESO?

Comparto la idea de mi amigo y maestro Alejandro Andreassi, que sitúa el origen del sistema concentracionario alemán más en la lucha de clases que en el racismo. El fascismo es la respuesta modernizada de la clase alta a las luchas democráticas y emancipadoras de las clases subalternas, que habían aumentado a partir de 1917. Modernizada porque justificaba la desigualdad no en designios divinos sino en la ciencia biológica, con una muy sesgada interpretación de Darwin.

El darwinismo ofrecía una teoría que explicaba y justificaba las desigualdades en función de cualidades naturales. Un neofeudalismo dividía la sociedad en estamentos en los que los empresarios substituían a los nobles, los ingenieros y otros profesionales a los clérigos, y los proletarios a los siervos.

El rótulo de la entrada a Auschwitz I reza: "Arbeit macht frei", "El trabajo te hace libre". Estaba en la puerta de diversos campos de concentración, en algunos de los primeros. Nos recuerda que el origen del sistema concentracionario está en la lucha de clases, y que una de las principales funciones de los campos, hasta 1942, era la explotación del trabajo esclavo, para lo cual, el racismo se ocupaba de señalar los colectivos humanos considerados inferiores y por tanto esclavizables.

La existencia de grupos más explotados y en peores condiciones materiales y legales, como eran los pueblos colonizados, ayudaba a que la clase trabajadora aceptara su subordinación económica y política. Además, la riqueza que llegaba a Europa de las colonias también beneficiaba en alguna medida a las capas más pobres de la sociedad.

Pero el imperialismo tuvo otra importante consecuencia, la aparición de un nuevo y potente tipo de racismo. Y dentro de ese renovado racismo, resurgió el antisemitismo, el odio a las personas judías. El antisemitismo era universal y se extendió por los cinco continentes de la mano de los emigrantes europeos. Pero donde era peor, probablemente era en Rusia, Ucrania y otras regiones de Europa Oriental.

Los primeros campos nazis, creados en 1933, se llenaron de comunistas y socialdemócratas, de militantes políticos y sindicales de izquierda. Los campos, además del maltrato brutal y continuo que buscaba la destrucción física y moral del preso, incluían el trabajo esclavo. Y es que la política económica nazi necesitaba de la rapiña para mantener la enorme inversión pública, sobre todo en construir armas, que fue el motor de la recuperación económica que tanto deslumbró a la población alemana. El segundo colectivo que sufrió la persecución y el asesinato fue el de los discapacitados y enfermos mentales, considerados más que improductivos, una carga para la sociedad.

La legislación (iniciada en 1933) y las acciones violentas (habituales desde 1938) antisemitas entran en una espiral infernal a partir del inicio de la Guerra, en septiembre de 1939, y Polonia fue el escenario del primer acto de la barbarie. 

Los postes donde se hacían las ejecuciones públicas.

Auschwitz, Oswiecim en polaco, era un pueblo del territorio ocupado, cercano a la industrial región alemana de Silesia. Formaba parte de la región que los nazis preveían germanizar en el futuro, en el que quizás dejarían vivir a algunos polacos para los trabajos subalternos, propios de personas a las que los nazis consideraban infrahumanos (untermensch). A partir de enero de 1940 se convirtió en un campo de prisioneros polacos, donde se les explotaba hasta la muerte. En aquellos momentos, las personas judías eran concentradas en barrios de algunas ciudades, los “guettos”.

El segundo acto de la barbarie comenzó con la invasión de la Unión Soviética en julio de 1941. Comenzaron a producirse actos sistemáticos de exterminio de colectivos (pueblos enteros, comunidades judías, autoridades políticas soviéticas…). Y comenzó una repugnante búsqueda para llevar a cabo las matanzas de forma más eficaz. Auschwitz adquiere protagonismo porque es donde se realizan los primeros ensayos de cámaras de gas con el gas Zyclon B, en septiembre de 1941. En aquel momento, Auschwitz era más un conjunto de campos con fines de represión política y explotación económica, al que se llevaba a personas para que trabajaran hasta su muerte por inanición, enfermedad, maltrato, ejecución o ensayo médico, siendo sustituidas por otros prisioneros, de cada vez más países. 
En este pequeño edificio se hicieron las primeras pruebas de asesinato masivo con Zyclon B, un producto que en contacto con el aire desprendía un gas letal. Por esa ventana cenital se arrojaban los granos. Es la única cámara de gas  que se conserva, porque luego fue destinada a otras funciones. Las cámaras de gas con las que se hicieron las grandes matanzas en Birkenau fueron destruidas. Las cámaras de gas llevaban asociado un horno crematorio par destruir los cadáveres. También fueron destruidos. El horno que hay en el edifico es una reconstrucción a partir de fotografías.

El tercer acto, y definitivo, tiene un inicio impreciso. En los primeros meses de 1942 se ponen en marcha mecanismos de exterminio masivo de personas, en especial judías, pero también gitanas, eslavas y de otros colectivos considerados inferiores. 
La película "La solución final" reproduce el acta encontrada de la reunión que se realizó el 20 de enero de 1942, conocida como "Conferencia de Wannsee". En esa reunión se discutieron los aspectos técnicos del exterminio de la población judía en Europa. Como señala Laurence Rees, los asistentes eran "funcionarios asalariados de una de las grandes naciones de Europa, y no terroristas clandestinos" y que "de las quince personas congregadas en aquella ocasión, ocho habían alcanzado el grado de doctor universitario".


Se crean campos exclusivamente para el exterminio y se transforma y amplía el de Auschwitz. La ampliación de Birkenau, adquiere especial relevancia, al convertirse en campo de concentración y exterminio a la vez. A su interior llegaban los trenes cargados de víctimas de totas las edades y en los andenes se hacía la macabra selección.
 
La vías del tren llegaban al centro de Birkenau. En los andenes se seleccionaba a los que se mantenía con vida para esclavizarlos y a los que se asesinaba. Les decían que iban a las duchas, pero en realidad eran las cámaras de gas, situadas al fondo, junto a los árboles que vemos a través de la puerta del campo.

A sus barracones y cámaras de gas llegaron la casi totalidad de personas judías de la Europa ocupada por Alemania y sus aliados. Especialmente importantes fue la deportación de más de 400.000 de Hungría, o llama la atención la de más de 70.000 de Eslovaquia, entregadas por un gobierno que tenía como presidente a un sacerdote católico. Y se convirtió en el lugar donde más se ha matado y hecho sufrir de la historia.

 El documental "Shoah" (1985) recoge 10 horas de testimonios de supervivientes de los campos.



LA VISITA

Era una de mis visitas pendientes. La deportación nazi en general y la Shoah siempre me han interesado, como a muchas otras personas. Es una obsesión: entenderlo para evitar que vuelva a ocurrir.

Es muy difícil aproximarse al episodio histórico con la visita de los restos actuales. Todo el entorno es completamente diferente. Oswiecim hoy es un suburbio del área metropolitana de Katowice. La gran cantidad de respetuosos visitantes demuestra que hay muchas otras personas con inquietudes, pero tampoco ayuda a captar lo que allí se vivió. 

Auschwitz I está muy museizado, como vemos en el entorno de estos barracones. Quedan pocos espacios con el aspecto que tenían durante la Guerra.

Afortunadamente, entre grupo y grupo, puedes encontrar algún momento de soledad y intentar imaginar la vida en aquellos barracones, o la muerte en una de aquellas celdas. Pasear por la “calles” de Birkenau te proporciona una idea de la magnitud de la barbarie. 

Interior de un barracón de Birkenau.
Las vías y los andenes son tan macabros. De las cámaras y crematorios no queda casi nada, pero los adivinas, junto al bosque.

Las imágenes que te vienen a la mente son las de las películas de ficción, fotografías y documentales filmados por los propios alemanes o por los aliados. Y con ellas “vistes” las ruinas o completas los barracones vacíos. Pero, en cualquier caso, es necesario ponerte en el lugar de la víctima, por un instante sentir su miedo, desesperación, sufrimiento, o al menos intentarlo, porque ciertos sentimientos no se pueden imaginar.

Cuando entraba en Birkenau llegó un grupo que vestía el atuendo de los judíos ortodoxos, y en el centro llevaban a un hombre muy viejo en silla de ruedas. Cuando entraron en el recinto cantaron una canción y más adelante se detuvieron y el anciano empezó a hablar. Poco después una mujer del grupo repetía en inglés sus palabras: hablaba del humo de las chimeneas, con toda seguridad de las chimeneas de los crematorios, las que esparcían las cenizas de los que habían sido sus seres queridos.


Porque, efectivamente, aquel anciano era un superviviente. Se lo pregunté a los miembros del grupo y me lo confirmaron, y les pedí que me permitieran saludar a aquel hombre y ofrecerle mis respetos. Fue un momento importante para mí. Y espero que para mis hijos.



ALGUNAS REFLEXIONES

Desde entonces, nos hacemos muchas preguntas. ¿Se sabía lo que ocurría en los campos? ¿Las víctimas no podían haberse rebelado? ¿Todos los alemanes fueron cómplices?

¿No sabemos ahora lo que está ocurriendo en Siria y no hacemos nada? No solo no hacemos nada sino que no estamos dispuestos a renunciar a un poquito de nuestro bienestar para acoger refugiados. ¿Nos rebelamos ahora ante los recortes de nuestros derechos o esperamos a que vengan mejores tiempos?

Un comentario especial merece el concepto “banalidad del mal”, acuñado por Hannah Arendt cuando analizó el juicio al nazi Eichmann en 1961. Según Arendt, Eichmann cometió atrocidades más por la sumisión a un engranaje burocrático en el que quería medrar, por sumisión a la autoridad que por ser un monstruo o un ser malvado. Es inquietante. Los “kapos” o los médicos de los campos sí eran unos psicópatas con carta blanca para actuar. Pero los millares y millares de hombres y mujeres que participaron en los crímenes nazis eran en su mayoría personas que en otras circunstancias se hubieran horrorizado ante el relato de lo que hicieron. ¿Qué seríamos capaces de hacer nosotros/as por sumisión o por ascender en la escala social? ¿O fue la espiral de la guerra la que ayudó a justificar el horror?
Plano de la región de Auschwitz en la que se ven los tres principales campos. El de Monowitz era fruto del acuerdo del gobierno allemán con las empresas privadas, que pagaban al Estado un sueldo por cada esclavo.

Sin abusar del símil nazi, mecanismo que se utiliza demasiado frecuentemente y que acaba por vaciar de contenido el argumento y ofende a las víctimas del nazismo, me parece pertinente hacer algunas reflexiones en torno a la actualidad, a partir de lo escrito anteriormente.

La justificación de la desigualdad ya no se hace en el darwinismo social, entre otras cosas porque sabemos muchas más cosas de la evolución de las especies, y no siempre sobrevive el más fuerte o “el mejor” (habría que definir lo que entendemos por mejor). Pero sí se hace en las supuestas cualidades de las personas.

La crisis económica actual ha dado alas a una serie de teorías que, entre otras cosas, culpabilizaban al parado de su desempleo, por no formarse, no reinventarse, etc. Mientras tanto, glorificaban al emprendedor, identificándolo con el empresario. Si el pobre se merece su pobreza por ser torpe, y el rico su riqueza por su habilidad, las diferencias sociales se fundamentan en diferencias naturales. Si trasladamos este silogismo a las naciones, la conclusión racista es evidente.

El antisemitismo no ha desaparecido. Por ejemplo, periódicamente lo vemos manifestarse en algunos grupos ultras de equipos de futbol. Nada extraño si tenemos en cuenta que los estadios han sido el principal refugio del fascismo en Europa en las últimas décadas. Lo que me pareció muy inquietante fue el antisemitismo del movimiento de la Plaza Maidán en Ucrania entre 2013 y 2014, tolerado y ocultado en occidente porque convenía.

¿Es la islamofobia el antisemitismo de hoy? Teniendo en cuenta las malas relaciones entre Israel y los países de mayoría islámica cuesta un poco ni tan siquiera plantearse la pregunta. Pero creo que podemos encontrar paralelismos. La demonización acrítica de un colectivo, la atribución sin fisuras de unas características a unas personas a partir de la profesión de una religión, etc., creo que acercan la situación de los musulmanes de hoy con los judíos de hace 100 años.

En el fondo, el problema está ahí, en pensar que todos los …. son unos ….. Identificar un colectivo con unas cualidades (normalmente negativas, las positivas nos las reservamos a nosotros) es el primer paso, el primer peldaño de una escalera que puede acabar en cosas horribles.

¡Qué rápido decimos que los sudamericanos son ladrones cuando vemos a un sudamericano robar! Sin embargo cuando vemos por la tele a Bárcenas o a Millet no decimos que los españoles o los catalanes somos ladrones, son los políticos. También es fácil oír que todos los musulmanes son unos terroristas. ¿También los musulmanes muertos en los atentados? La existencia de terroristas fundamentalistas cristianos, ¿me convierte a mí (que estoy bautizado) en terrorista?
No quiero decir que quien haga un comentario xenófobo sea partidario de los campos de concentración, ni mucho menos. Solo quiero destacar que son pasos de un mismo camino, y que para llegar a la barbarie, antes hubo que hacer millones de pequeños actos casi sin importancia.

Las dimensiones de Birkenau son estremecedoras.

Mi visita a Auschwitz me ha reafirmado en que hay que continuar luchando contra el fascismo y el racismo.

8 comentarios:

  1. Jo vaig decidir que el meu fill no podia esdevenir adult sense, abans, haver vist Auschwitz. L'hi vaig portar quan tania catorze anys. Crec que en va treure molt profit de la visita...

    Salut, Manuel!

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    1. Hola Carles. Sí, aquest estiu hem anat tota la família. Confio en que els meus fills també treguin conclusions. Una abraçada molt forta!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. no pude terminar la visita cuando fui. Me sobrecogió También veo muchos paralelismos hoy en día. Luchamos contra un enorme mobstruo y somos tan pequeños... sólo queda mantener la dignidad y no colaborar... juntos, mejor

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    1. La lucha de los pequeños puede convertirse en algo muy grande, más grande que el enorme monstruo. Seguro que coincidimos. Un abrazo.

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  4. no pude terminar la visita cuando fui. Me sobrecogió También veo muchos paralelismos hoy en día. Luchamos contra un enorme mobstruo y somos tan pequeños... sólo queda mantener la dignidad y no colaborar... juntos, mejor

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